En los pasillos del trabajo, en reuniones de equipo, en conversaciones familiares o incluso frente al espejo, muchas veces silenciamos nuestras dudas, necesidades o errores. No porque no los sintamos, sino porque tememos mostrarnos vulnerables. Decir “no sé”, “me equivoqué” o “necesito ayuda” sigue siendo, en muchos entornos, una osadía. Esta práctica silenciosa y habitual, lejos de ser inofensiva, erosiona la confianza, empobrece las relaciones y limita el aprendizaje.

Seguir leyendo «El miedo a la vulnerabilidad: cuando callamos lo que importa»