Cambiar no siempre es una elección. A veces nos sorprende el giro, a veces lo provocamos. Y en ambos casos, lo que sigue es un proceso desafiante, que nos expone, nos sacude, nos redefine. Hablar de cambio es hablar de movimiento, pero también de resistencia, de pérdida, de oportunidad. En tiempos donde la incertidumbre se vuelve costumbre, la gestión del cambio personal emerge como una competencia vital para el bienestar y la adaptación.

El cambio personal y sus dos caminos

Desde la psicología del desarrollo y la neurociencia aplicada, se reconoce que el cambio puede surgir desde la decisión interna o desde eventos externos que nos empujan a transformarnos (Siegel, 2012; Davidson, 2021). En ambos casos, moviliza emociones, desafía patrones y exige recursos personales. Cambiar implica dejar algo atrás para abrir espacio a lo nuevo.

Para comprenderlo, diversos modelos han descrito las etapas, dimensiones y tensiones del cambio. Desde el modelo transteórico de Prochaska y DiClemente (1983), pasando por la curva del duelo de Kübler-Ross (1969), hasta enfoques más recientes como el modelo SCARF de Rock (2009), todos coinciden en algo: el cambio es un proceso. No ocurre de un momento a otro, ni se reduce a una decisión racional. Es una experiencia integral, con impacto emocional, cognitivo y conductual.

Estrategias para gestionar el cambio personal

A continuación, se entregan siete estrategias para gestionar el cambio personal. Cada una de ellas ofrece un camino práctico para navegar las transformaciones internas y externas que la vida nos presenta.

EstrategiaExplicación
Nombrar lo que cambiaPonerle nombre a lo que se transforma permite tomar conciencia de lo que se está dejando atrás y de lo que comienza. Esta práctica, vinculada a la ontología del lenguaje (Echeverría, 1997), facilita el tránsito emocional y cognitivo.
Ampliar la capacidad de observaciónEl cambio invita a mirar con otros ojos. Fortalecer el rol del «observador» que somos (Maturana & Varela, 1996) permite generar nuevas interpretaciones de la realidad y ampliar los posibles cursos de acción.
Trabajar con la emocionalidadLas emociones no son obstáculos del cambio, sino señales que orientan nuestras decisiones. Según Lisa Feldman Barrett (2020), las emociones no son reacciones automáticas, sino construcciones del cerebro. Esto implica que podemos entrenar nuestra capacidad emocional para afrontar lo nuevo con mayor conciencia y equilibrio.
Activar redes de apoyoEl cambio no se gestiona en soledad. Contar con vínculos significativos, que brinden escucha, retroalimentación o simplemente presencia, potencia nuestra capacidad de sostenernos en momentos de transición (Siegel, 2012).
Establecer pequeños ritualesLos rituales ayudan al cerebro a incorporar nuevas etapas de vida y reducir la resistencia (Davidson, 2021). Pequeños actos simbólicos, como cerrar una etapa con una carta o cambiar algo en el entorno físico, permiten marcar transiciones.
Construir nuevos hábitos con intenciónLa neuroplasticidad se activa mediante repetición y sentido. Crear nuevos hábitos con intención permite anclar el cambio en lo cotidiano. No importa el tamaño del paso, importa su dirección.
Revisar creencias y juiciosLas creencias que sostenemos pueden facilitar o limitar nuestra adaptación. Explorar y actualizar esas ideas es parte esencial de una transformación profunda.

La corriente del cambio nos invita a navegar

El cambio, como hemos explorado, no es un mero evento, sino la esencia misma de la vida en movimiento. Negarlo es anclarse a una orilla imaginaria, mientras la corriente nos invita a navegar. Las siete estrategias que hemos desglosado no son recetas fijas, sino herramientas flexibles para asirnos a esa brújula interna que todos poseemos. Nombrar nuestra transformación, ampliar nuestra mirada, danzar con nuestras emociones, cuestionar la certeza, tejer redes de apoyo, honrar el proceso y cultivar la paciencia: cada una es un faro en la incertidumbre, una invitación a la valentía de devenir.

Este viaje del cambio personal no está exento de desafíos, de resistencias que emergen como ecos del pasado. Pero es precisamente en la apertura a lo nuevo, en la disposición a soltar lo que ya no nos sirve, donde reside nuestra mayor fortaleza. No se trata de erradicar el miedo a lo desconocido, sino de aprender a caminar con él, sabiendo que cada paso hacia adelante expande nuestro horizonte y revela capacidades que quizás ignorábamos.

Abrir posibilidades

La modernidad líquida nos presenta un escenario de cambio constante, sí, pero también nos ofrece una libertad inédita para redefinirnos, para esculpirnos en la forma que resuene con nuestra profunda autenticidad. La gestión del cambio personal, entonces, se convierte en un acto de autoafirmación, una declaración de nuestra capacidad inherente para adaptarnos, aprender y florecer en medio de la fluidez.

Y tú, en este momento de tu vida… ¿qué necesitas dejar atrás para abrirte a lo que puede ser?


Referencias

  • Davidson, R. (2021). El arte de la felicidad duradera. Kairós.
  • Echeverría, R. (1997). Ontología del lenguaje. Dolmen.
  • Feldman Barrett, L. (2020). La vida secreta del cerebro. Crítica.
  • Maturana, H. & Varela, F. (1996). El árbol del conocimiento. Editorial Universitaria.
  • Siegel, D. (2012). La mente en desarrollo. Alba Editorial.

Descubre más desde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.