La capacidad de “soltar” o desprenderse de roles, proyectos o situaciones que han dejado de contribuir a nuestro desarrollo representa una habilidad esencial en la vida profesional. Este proceso no siempre es fácil, pero, como destaca Brené Brown, investigadora reconocida por su trabajo sobre vulnerabilidad y emociones, “soltar” implica el coraje de reconocer los límites y la fortaleza de abrazar lo nuevo, abriendo espacio para que lleguen nuevas oportunidades (Brown, 2018). En este contexto, el acto de soltar se convierte en un punto de inflexión para el crecimiento profesional y personal, especialmente cuando se busca mantener la motivación, el sentido de propósito y la posibilidad de enfrentar desafíos enriquecedores.
El proceso de soltar y la autorrealización
El acto de soltar está ligado a la autorrealización y la motivación intrínseca. Abraham Maslow, psicólogo estadounidense conocido como uno de los principales exponentes de la psicología humanista, señala que, para alcanzar nuestro potencial, es necesario desprendernos de aquello que no contribuye a la autorrealización. Esto no implica una renuncia sin sentido, sino una decisión consciente que nos permite avanzar hacia nuevas metas y desarrollarnos en entornos que potencien nuestras habilidades y valores. En este sentido, Maslow (1943) afirmaba que la autorrealización solo es posible cuando nos permitimos dejar atrás lo que ya no nutre nuestro desarrollo.
Transitar la incertidumbre
Soltar conlleva el coraje de enfrentar lo desconocido y la disposición de adentrarse en territorios inciertos. Rafael Echeverría, sociólogo y doctor en filosofía, en su libro La ontología del lenguaje, señala que la vida nos presenta múltiples incertidumbres, y es en ese “transitar la incertidumbre” donde surge la posibilidad de reinventarnos. Al abandonar lo familiar, elegimos el cambio por sobre la seguridad, permitiendo que emerjan nuevas posibilidades de crecimiento. Este acto de soltar, entonces, es una manifestación de valentía y apertura, donde “la incertidumbre no es un obstáculo, sino el espacio donde podemos crear” (Echeverría, 1994).
Fluir en la modernidad líquida
La teoría de la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo, resuena en este contexto. Para él, vivimos en una sociedad de relaciones y estructuras flexibles, donde lo sólido da paso a lo fluido y transitorio. Esta fluidez nos invita a dejar atrás lo que ya no tiene un lugar en nuestras vidas, favoreciendo la adaptación y el movimiento constante hacia nuevas metas. En este entorno, soltar es un acto de alineación con la realidad cambiante, permitiendo que nuestras trayectorias se transformen y sigan el curso de nuestra evolución personal y profesional (Bauman, 2000).
Espacio para nuevos desafíos
Mihály Csikszentmihalyi, psicólogo húngaro-estadounidense, formuló la teoría del flow o teoría de la experiencia óptima en 1975. Define el “Flow” como un estado mental caracterizado por una sensación de total inmersión y concentración en una actividad, lo que hace que el proceso sea satisfactorio y agradable. Dicho en otras palabras, es cuando se está tan inmerso en una tarea o proyecto que se pierde la noción del tiempo (Csikszentmihalyi, 1990). La motivación y el desarrollo profesional, entonces, son más profundos cuando encontramos retos que nos permiten fluir y expandir nuestras capacidades. La renuncia a un cargo o responsabilidad, cuando esta no cumple con estos requisitos, puede abrir el camino para proyectos significativos que realmente impulsen el crecimiento y aprendizaje continuo.
El coraje de reconocer los límites
Reconocer y aceptar nuestros límites es un acto de autoconocimiento que requiere valentía y claridad. Según el neurocientífico Antonio Damasio, nuestra capacidad de tomar decisiones significativas está íntimamente ligada a nuestro sentido de identidad y bienestar emocional. Cuando identificamos que una situación o rol ya no nutre nuestro crecimiento, aceptar este límite y desprendernos de él constituye un paso clave hacia la autenticidad y el bienestar (Damasio, 1994). Abrazar lo nuevo, entonces, no solo implica coraje, sino también una apertura al cambio que fortalece nuestra identidad y resiliencia ante lo desconocido.
Soltar no es un acto de renuncia sin propósito; es un acto de autocuidado y crecimiento personal que permite dar espacio para aquello que realmente queremos en nuestras vidas y carreras. Al permitirnos avanzar y buscar entornos alineados con nuestras aspiraciones y valores, creamos oportunidades para el desarrollo de nuestro verdadero potencial. Como reflexiona Heidegger en su obra Ser y tiempo (1927), “la posibilidad es el impulso hacia adelante”, y el acto de soltar se convierte, entonces, en una apertura a nuevas oportunidades.
- Bauman, Z. (2002). Modernidad Líquida. Fondo De Cultura Económica.
- Brown, B. (2018). Atrévete a liderar: Trabajo valiente. Conversaciones difíciles. corazones enteros. New York: Random House.
- Csikszentmihalyi, M. (1990). Flow: la psicología de la experiencia óptima. New York: Harper & Row.
- Damasio, A. R. (2018) La sensación de lo que ocurre: Cuerpo y emoción en la construcción de la conciencia. Ediciones Destino.
- Echeverría, R. (2006). Ontología del lenguaje. Santiago de Chile: J.C. Saez Editor.
- Heidegger, M. (2018). Ser y tiempo. Editorial Universitaria.
- Maslow, A. H. (2012). Motivación y personalidad. Diaz De Santos
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