La tristeza no siempre es una caída libre al sufrimiento, a la soledad o al dolor, a veces la tristeza es una vía directa al interior para conectar con el autocuidado. Las emociones siempre traen noticias de la persona que la experimenta. La invitación de este post es a hacer un breve viaje por esta emoción con el ánimo de motivar la reflexión y el aprendizaje.

¿Sentimos igual la tristeza?

Los seres humanos se relacionan con el mundo desde un paradigma particular; ello significa que cada persona observa las cosas desde “el o la observadora que es el presente”, y lo que percibe como realidad obedece a su propia manera de interpretar el mundo que habita. Este paradigma desde donde “es” define las cosas que hace, siente y piensa, y se construye en base a un conjunto de experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida.

Existen diversos estudios que hablan sobre la tristeza como una emoción básica y universal que se relaciona con la sobrevivencia humana, ello explica que las personas experimentan biológicamente de la misma forma la tristeza (a nivel químico, respiratorio, muscular, etc.) No obstante, el sentido que tenga esta emoción dependerá de la interpretación que cada persona haga de ella.

Las emociones no son positivas ni negativas, son reacciones fisiológicas frente a un estímulo. Las emociones son placenteras o displacenteras (o facilitadoras o no facilitadoras) y la interpretación que se haga de ellas dependerá de cada persona.

Señales corporales de la tristeza

Las personas son organismos complejos que poseen una estructura corporal, mental y emocional única que está en constante movimiento, capaz de generar nuevas conexiones neuronales, redes sociales y cambios a nivel físico. En este sentido, las emociones irrumpen genuinamente expresándose en el cuerpo.

Bioquímicamente, la tristeza, se asocia a un bajo nivel de serotonina que es un neurotransmisor que ayuda a regular el estado de ánimo, el comportamiento social, el apetito, la digestión, el sueño, la memoria, el deseo y la función sexual.

Las expresiones de la tristeza perceptibles en el cuerpo son: cambio en la frecuencia cardiaca y en la respiración (agitación/apnea); cambios en la temperatura corporal; variaciones en el rango de visión (periférica-focal); proyección y dirección del cuerpo (arriba, abajo, adelante, atrás); tensión/distensión muscular; etc.

Las emociones se leen en el cuerpo. Por ejemplo, en la alegría las personas se vuelcan hacia afuera y en la tristeza lo hacen hacia adentro. A continuación, algunas señales corporales de la tristeza:

  • Rostro: comisura de los labios hacia abajo, ojos caídos y mirada al suelo.
  • Movimiento: pausado, lento/quieto, pesado.
  • Dirección: comisura de los labios hacia abajo, mirada al suelo, hombros caídos.
  • Musculatura: hipotónica (pierde resistencia).
  • Respiración: la oxigenación disminuye, respiración lenta, Inhalación por nariz entrecortada, exhalación rápida por boca.
  • Tórax: Diafragma bajo, pecho hundido, columna encorvada.
  • En llanto: presión abdominal e intercostal, disminuye/desaparece la elasticidad corporal.
  • Social: aislamiento, ensimismamiento (me vuelvo hacia adentro).

Susana Bloch, psicóloga y psicofisióloga, descubrió los patrones respiratorios y posturofaciales de las emociones básicas (patrones efectores emocionales). A partir de su investigación creó el sistema «Alba Emoting» (el alba de las emociones) que permite la inducción y modelación emocional por medio de cambios en la respiración y en la postura corporal y facial. Esto posibilita gestionar autónomamente la forma de construir nuevas y mejores relaciones (si cambio mi forma de respirar estaré cambiando mi emoción – ver).

Emociones aceptadas y rechazadas

Carl Gustav Jung [1875-1961], psicólogo y médico psiquiatra suizo, habló de la «sombra» como uno de los arquetipos principales del inconsciente de la personalidad. La sombra es la totalidad del inconsciente. Ella posee características de la persona que no considera como propias; es decir, cada persona posee rasgos y actitudes que desconoce, y que no son asumidas por la consciencia por ser incompatibles con la personalidad que predomina en la psique.

Para Jung, estas características rechazadas no desaparecen, sino que permanecen en la sombra. ¿Cuánto de nosotros hemos enviado al confinamiento del inconsciente?… ¿Cuáles son las emociones que rechazamos? (ver actividad: «polaridades»).

Ignorar la tristeza no es sinónimo de alegría, el no ser consciente de la propia tristeza no libera a la persona de ella y sus consecuencias. La tristeza permanentemente ignorada, o rechazada, se encapsula en alguna parte, en algún rincón de su ser.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche [1844-1900] formuló la siguiente frase: «Aquel que lucha con el monstruo debería cuidarse de convertirse en uno. Cuando miras largo tiempo el abismo, el abismo también mira dentro de ti» [Más allá del bien y del mal, 1886]. En ocasiones al tratar de huir del mal, de la rabia o la pena, de todo aquello que se rechaza, termina convirtiéndose en algo peor. ¿Cuánta tristeza acepta en su vida?

¿Cuándo se convierte en mi enemiga?

Como en el resto de las emociones, en la tristeza existen matices. Para desarrollar habilidad en términos emocionales es importante leer las señales que aparecen en la conducta, en el cuerpo y en los pensamientos con el fin de monitorear la propia salud emocional y gestionar de mejor manera sus implicancias.

Los médicos psiquiatras se refieren a la «tristeza patológica» cuando hay una alteración de la afectividad que produce un descenso del estado de ánimo, que puede incluir también pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación.

Si le arrastra la desgana de vivir; si siente una profunda sensación de fatiga corporal prolongada en el tiempo; si experimenta una pena difícil de gestionar que le dificulta la vida social, laboral, familiar; cuando tiene la sensación de alejarse de la energía de la vida… Es tiempo de buscar apoyo consultando a especialistas de la salud.

Santo Tomás de Aquino [1225-1274] propuso cinco remedios para aliviar o mitigarla la tristeza:

  • El placer o delectatio, que es el descanso del alma como la tristeza es su cansancio; el segundo es el llanto, desahogo del dolor que impide su enquistamiento y lo alivia; el tercero es la compañía y el amor de los amigos; el cuarto es la «contemplación de la verdad»; el quinto es el sueño y el baño (ver).

¿Cuándo aparece la tristeza?

La tristeza aparece con el duelo o con la lejanía de un ser querido. Las personas experimentan tristeza cuando tienen el juicio de que están perdiendo su juventud, frente al distanciamiento de sus hijos/as o cuando viven un quiebre matrimonial, la pérdida del empleo, la falta de amor, de amistad, de placer, etc. La pérdida de algo importante gatilla la emoción de la tristeza.

Cuando las personas pierden aquello que consideran valioso aparece la tristeza a recordar la fragilidad y vulnerabilidad humana. La tristeza es una emoción que conecta con el ego, el apego, la soledad, el miedo, con la propia inseguridad.

¿Cuál es su propósito?

Las emociones traen noticias de la persona que las experimenta y siempre tiene su propósito. La tristeza ofrece la posibilidad de vivir la introspección (conectar consigo mismo/a); enseña a aprender de uno mismo/a; a sentir empatía y compasión por la vulnerabilidad.

A veces, la tristeza es un detonante que impulsa a las personas a soltar una relación poco placentera, a fortalecer la autoestima, a crecer, a madurar, a acompasar el corazón cuando no se tiene la costumbre de hacerlo. La tristeza conecta con autocuidado.

La acción de profundizar en la experiencia emocional tendrá valor en la medida que se tenga un tiempo de buena calidad con sigo mismo/a. A veces cuando algo fuerte impacta  se tiene la creencia que el mundo se detiene (como si ese impacto fuera eterno) sin darse cuenta de que cualquier evento o cosa también pasará, dejando un aprendizaje. La contemplación de lo verdaderamente importante puede llevar a descifrar, al ritmo personal, los misterios del ser.

La tristeza como un recurso personal

En ocasiones, la tristeza envía una señal hacia el exterior para advertir al resto que se necesita cuidado, ayuda, comprensión y apoyo. Es una sonda que trae noticias desde el interior a quienes le rodean.

Las emociones se expresan en el cuerpo como un lenguaje genuino del ser. La invitación es a aprender a traducir e interpretar ese lenguaje para comprender su mensaje ya que una emoción escondida (o maquillada de otra) puede generar conflictos a nivel personal y social.

Los peripatéticos (alumnos y seguidores de Aristóteles) consideraron que la tristeza puede ser buena teniendo en cuenta que hay «tristezas naturales», como cuando una viuda/o sufre por la muerte de su esposo/a, o una madre con la pérdida de su hijo/a. La tristeza entonces es un proceso natural y necesario para el restablecimiento del equilibrio interno y emocional de la persona que ha perdido a un ser querido (ver).

Precisar en la emoción sentida puede liberar a las personas de una eterna condena. El ejercicio de pensarse críticamente facilita la reinterpretación de los eventos, permitiendo avanzar hacia un sentir más maduro. El fortalecimiento permanente de la inteligencia emocional ayudará a comprender con mayor claridad: aquello que nos pasa, con quién nos pasa, dónde nos pasa… Y también comprender con más recursos al resto.

¿Es tristeza?

A veces la respuesta emocional frente a diversos estímulos suele ser la misma; por ejemplo, reír con una comedia y también con una tragedia, o con un abrazo sentido, una conversación profunda, un funeral, etc.

Cuando una emoción es recurrente, independientemente del evento que la gatilla, la sugerencia es sospechar de esta reacción emocional.

El “by pass emocional” es una forma de reaccionar con la emoción más recurrente frente a cualquier estímulo. Las razones de ello pueden ser: poca inteligencia emocional, bajo autocontrol, bajo autoconocimiento, o que la emoción genuina no es una emoción “aceptada”, por ejemplo: sentir rabia es malo, en consecuencia la rabia es “rechazada” como una emoción válida de experimentar (a nivel inconsciente)

Facundo Cabral (escritor, filósofo y cantautor) dice: «No estás deprimido, estas distraído. Distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro, alma y espíritu… entonces cómo puedes sentirte pobre y desdichado» (ver).

La tristeza es inevitablemente humana, le pertenece a cada persona como cualquier otra cosa. La tristeza es una fuente de aprendizaje, inspiración y transformación. El pintor holandés Vincent Van Gogh [1853-1890] dijo «mi juventud fue triste, fría y estéril«, y en los últimos meses de vida experimentó una profunda crisis que él definió como «el punto de partida de uno de los episodios más tristes en una vida ya plagada de tristes acontecimientos«. Murió atormentado y creyendo que su vida artística fue un completo fracaso, sin embargo, en el presente sus cuadros forman parte de las piezas de arte más valiosas del mundo.

Imagen de portada: «En el umbral de la eternidad» (1890), Vincent van Gogh