A lo largo de nuestra vida construimos creencias que nos ayudan a comprender el mundo, interpretar nuestras experiencias y orientar nuestras decisiones. Algunas de ellas nacen en la infancia, otras se desarrollan a partir de experiencias significativas, de las personas que nos rodean o de los contextos culturales en los que participamos. Con el tiempo, estas creencias se convierten en lentes a través de los cuales observamos la realidad y damos sentido a lo que nos ocurre.
En los artículos anteriores de esta serie (ver) hemos explorado qué son las creencias, cómo influyen en nuestras decisiones y de qué manera pueden contribuir a la resistencia al cambio. Sin embargo, existe un aspecto menos evidente y profundamente humano que merece atención: muchas de las creencias que hoy nos limitan fueron, en algún momento de nuestra historia, recursos valiosos para adaptarnos, protegernos o avanzar.
Esta idea nos invita a abandonar una mirada simplista que clasifica las creencias como «buenas» o «malas». En lugar de ello, podemos comprenderlas como construcciones adaptativas que responden a determinadas circunstancias. El problema no siempre está en la creencia misma, sino en seguir utilizándola cuando las condiciones han cambiado y ya no cumple la función que alguna vez tuvo.
Cuando una fortaleza se transforma en una limitación
Pensemos en una persona que aprendió desde temprana edad que debía esforzarse más que los demás para obtener reconocimiento. Esa creencia pudo impulsarla a estudiar, perseverar y desarrollar competencias valiosas. Durante años, probablemente fue una fuente de motivación y logro.
Sin embargo, aquello que alguna vez representó una ventaja puede transformarse en una carga cuando la persona comienza a exigirse de manera excesiva, experimenta dificultades para descansar o siente que nunca es suficiente lo que hace.
Algo similar ocurre con creencias como:
- «Debo hacerlo todo perfectamente»
- «No puedo equivocarme»
- «Tengo que resolver los problemas por mi cuenta»
- «Debo agradar a los demás»
- «Mostrar vulnerabilidad es una señal de debilidad»
Es muy probable que estas ideas nacieron como intentos legítimos de adaptación. Tal vez ayudaron a evitar conflictos, obtener aceptación, protegerse emocionalmente o alcanzar determinados objetivos. El desafío aparece cuando continúan operando de forma automática en contextos donde ya no resultan útiles o incluso comienzan a generar sufrimiento.
Desde esta perspectiva, una creencia puede entenderse como una respuesta exitosa a problemas del pasado que sigue activa en el presente, aunque las circunstancias hayan cambiado.
La dificultad de cuestionar aquello que nos ayudó
Transformar una creencia no suele ser sencillo porque las creencias no son únicamente ideas. También están vinculadas a emociones, experiencias, hábitos e identidad.
Los investigadores Robert Kegan y Lisa Lahey (2009) sostienen que muchas personas experimentan una especie de «inmunidad al cambio», un conjunto de mecanismos psicológicos que buscan preservar la coherencia interna del sistema de creencias. Desde esta mirada, no siempre nos resistimos al cambio porque no queramos avanzar; en ocasiones nos resistimos porque determinadas creencias han contribuido durante años a nuestra sensación de seguridad, estabilidad o valor personal.
- Cuestionarlas puede generar incertidumbre. Después de todo, si una determinada forma de pensar me ha acompañado durante gran parte de mi vida, ¿qué ocurre cuando comienzo a dudar de ella?
Por esta razón, revisar una creencia no implica combatirla ni eliminarla. Implica comprender su origen, reconocer la función que cumplió y evaluar si sigue siendo útil para la persona que somos hoy.
Algunas señales de que una creencia necesita ser revisada
No todas las creencias requieren ser transformadas. Muchas continúan siendo funcionales y contribuyen a nuestro bienestar. Sin embargo, algunas señales pueden indicar que una determinada forma de pensar merece una observación más cuidadosa:
- Genera malestar emocional de manera recurrente.
- Limita nuestras posibilidades de acción.
- Nos lleva a repetir patrones que ya no deseamos mantener.
- Produce conflictos frecuentes en nuestras relaciones.
- Dificulta el aprendizaje o la adaptación a nuevos contextos.
- Nos obliga a actuar principalmente desde el miedo o la evitación.
- Ha dejado de estar alineada con nuestros valores y objetivos actuales.
Reconocer estas señales no significa concluir inmediatamente que la creencia es errónea. Más bien representa una invitación a explorarla con curiosidad y apertura.
Estrategias para transformar creencias
La transformación de las creencias rara vez ocurre a través de la simple fuerza de voluntad. Generalmente requiere reflexión, experiencia y nuevas formas de observar la realidad.
1. Identificar la creencia que está operando
El primer paso consiste en hacer visible aquello que normalmente permanece implícito. Preguntas como las siguientes pueden resultar útiles:
- ¿Qué estoy dando por cierto en esta situación?
- ¿Qué interpretación estoy confundiendo con un hecho?
- ¿Qué historia me estoy contando sobre lo que ocurre?
A veces el simple acto de observar una creencia reduce parte de su influencia automática.
2. Explorar la función que cumplió
Antes de intentar cambiar una creencia, puede ser valioso comprender cómo nos ayudó. Preguntas posibles:
- ¿Qué beneficio me aportó esta forma de pensar?
- ¿Qué necesidad intentaba satisfacer?
- ¿Cómo contribuyó a mi adaptación en otro momento de mi vida?
Este ejercicio suele generar una mirada más compasiva y menos confrontacional hacia nuestra propia historia.
3. Buscar evidencia alternativa
Las creencias tienden a filtrar la información que confirma aquello que ya pensamos. Por esta razón, resulta útil explorar experiencias que cuestionen nuestras conclusiones habituales. Por ejemplo:
- ¿Existen situaciones donde esta creencia no se cumple?
- ¿Qué evidencia estoy ignorando?
- ¿Qué diría una persona que observa esta situación desde otra perspectiva?
4. Diseñar nuevas experiencias
Las creencias se fortalecen a través de la experiencia y, en muchos casos, también se transforman gracias a ella. No basta con pensar diferente. Necesitamos vivir situaciones que amplíen nuestras interpretaciones.
- Una persona que cree que debe hacerlo todo sola puede comenzar a pedir apoyo en tareas específicas.
- Quien piensa que equivocarse es inaceptable puede proponerse experimentar en contextos donde el error forme parte natural del aprendizaje.
Las nuevas experiencias ofrecen información que muchas veces la reflexión por sí sola no logra proporcionar.
5. Construir creencias más flexibles
El objetivo no consiste en reemplazar una creencia por otra igualmente rígida. Más bien se trata de desarrollar interpretaciones más amplias y adaptativas. Por ejemplo:
- Pasar de «debo hacerlo perfecto» a «puedo buscar excelencia sin exigir perfección».
- Transitar desde «tengo que agradar a todos» a «puedo cuidar mis relaciones sin renunciar a mis convicciones».
- Ir desde un «no puedo equivocarme» a «equivocarme puede ser parte del aprendizaje».
La flexibilidad psicológica suele ser más valiosa que la certeza absoluta.
Reflexión final
A veces el desarrollo personal y profesional no consiste en eliminar nuestras creencias, sino en aprender a revisarlas periódicamente.
Algunas continuarán siendo valiosas y seguirán acompañándonos durante años. Otras requerirán ajustes para responder a nuevas circunstancias. Y algunas, simplemente, habrán cumplido su propósito.
Muchas de las creencias que hoy nos limitan fueron, en otro momento de nuestra historia, intentos legítimos de protegernos, adaptarnos o avanzar. Reconocerlo nos permite relacionarnos con ellas de una manera más comprensiva y consciente.
Después de todo, crecer no siempre implica incorporar algo nuevo. En ocasiones, implica agradecer las ideas que nos ayudaron a llegar hasta aquí y permitirnos construir formas más amplias, flexibles y actuales de comprender quiénes somos y lo que somos capaces de hacer.
Referencias bibliográficas:
- Bandura, A. (1987). Pensamiento y acción: Fundamentos sociales. Martínez Roca.
- Beck, A. T. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de la personalidad. Paidós.
- Dweck, C. (2016). Mindset. Sirio.
- Echeverría, R. (2006). Ontología del lenguaje. Santiago de Chile: J.C. Sáez Editor.
- Kegan, R., & Lahey, L. L. (2009). Immunity to change: How to overcome it and unlock the potential in yourself and your organization (Resistencia al cambio: cómo superarla y liberar el potencial en usted mismo y en su organización.). Harvard Business Press.
- Mezirow, J. (1991). Dimensiones transformadoras del aprendizaje de adultos. Jossey-Bass.
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