La toma de consciencia es “el acto de darse cuenta” de la realidad interna y externa; y su rango de acción varía de persona a persona en relación con su experiencia de vida y también al ejercicio atencional que practique (“llevar la atención a…”)

Atención e interés

Hay ocasiones donde las personas responden a los eventos del día sin darse cuenta, actuando en modo automático, desconectados/as de toda voluntad consciente. Esta conducta, aún siendo no recurrente, puede llevar a situaciones poco favorables, como por ejemplo no atender y disfrutar del tiempo presente, o experimentar un accidente, descuidando así el bienestar personal.

La acción de tomar consciencia es observar con atención e interés aquello que se hace, se piensa y se siente.

Para entrenar la toma de consciencia es importante considerar que la “atención” y el “interés” son actos intencionados que requieren de voluntad (querer hacerlo) para que sean incorporados como hábitos y recursos personales. 

Tomar consciencia implica una mayor presencia en todos los espacios donde confluye la persona. La conciencia está implícita en todas las experiencias humanas; por lo tanto, es un requisito para llevar una vida de calidad.

Siento, luego existo

Históricamente el ser humano ha diferenciado de otras especies vivientes que habitan el planeta ya que posee rasgos corporales particulares y una capacidad cognitiva superior al resto. Las personas tienen un cerebro habilitado para articular un lenguaje complejo y coordinar acciones en sociedad.

Consciente de ello, el filósofo y matemático francés René Descartes (1596-1650) acuño la frase: “Pienso, luego existo”, [“cogito ergo sum” en latín o «I think, therefore I am» en inglés] y en ella afirma que la única forma de encontrar la verdad es mediante la razón. En consecuencia, y para muchos/as, la razón era la base de la existencia humana.

Actualmente diversas disciplinas explican el fenómeno humano con base en las dimensiones del ser: mente, cuerpo, emoción y energía. Estos elementos permiten observar a las personas como seres integrales y no segregados (no solamente “pensantes”).

En relación con lo anterior, estudios de neurociencia señalan que las personas primero sienten y luego piensan, modificando radicalmente el paradigma de Descartes (primero pienso, luego soy) Si la dimensión emocional es el origen de todo lo que se piensa, entonces, ¿Cuán relevante es prestar atención al dominio emocional?

Atención emocional y corporal

Las emociones son reacciones fisiológicas gatilladas por un estímulo, donde su razón de ser es la sobrevivencia como una respuesta adaptativa. Las emociones siempre hablan de la persona que las experimenta (de su historia y estructura) orientando de esta manera los pensamientos que la secundan.

Llevar la atención a la sensación corporal (y no a los pensamientos que se tienen del cuerpo – juicios, ideas…) en el tiempo favorece el bienestar personal y la calidad de vida. Tomar consciencia del cuerpo es “escuchar a la persona que estoy siendo en el presente”, con sus diversos matices e intensidades.

Para entrenar la atención hacia el dominio emocional es importante tomar en cuenta que las emociones se expresan en el cuerpo. La invitación es observar detenidamente cómo reacciona el cuerpo y paralelamente estudiar a qué patrón emocional coincide:

  • Rostro (boca, labios, ojos, cejas, pómulos, frente, nariz)
  • Movimiento, ritmo y dirección del cuerpo
  • Musculatura (tensa, hipotónica)
  • Respiración (nariz/boca, en apnea…)
  • Interacción social (aislamiento, conexión con otros/as…)
  • Etc.

Beneficios de la toma de consciencia

El ejercicio de la dirigir la atención al dominio mental, emocional y corporal (práctica atencional) permite atender oportunamente las genuinas necesidades individuales.

Además, amplía el rango de acción en el mundo ya que posibilita el reconocimiento de recursos y destrezas.

Por otro lado, dispone a la persona de información relevante para actuar responsablemente frente al propio bienestar y autocuidado.

Tomar consciencia atendiendo las señales que le alejan del bienestar es también cuestionarse. Por ejemplo, decidir si es bueno terminar un vínculo priorizando el bienestar personal o permanecer en una relación aun si es tóxica; decidir si es bueno comer para nutrir el cuerpo o comer hasta padecer las consecuencias de una mala alimentación… Tomar consciencia es “volver el poder a mí”.