Durante mucho tiempo hemos aprendido a asociar la confianza en uno mismo con una sensación interna de seguridad, como si se tratara de un estado previo necesario para poder avanzar, decidir o intentar algo nuevo. Sin embargo, la experiencia humana parece mostrar algo distinto.

En la mayoría de las situaciones importantes de la vida, no siempre actuamos porque nos sintamos completamente seguros; al contrario, actuamos mientras todavía existen dudas. Y, en muchos casos, es precisamente ese movimiento (ese paso dado en medio de la incertidumbre) el que comienza a construir la confianza en uno mismo.

La ilusión de estar listo

Existe una idea muy generalizada: la idea de «estar listo». Estar listo para cambiar de trabajo, para hablar en público, para iniciar un proyecto, para tomar una decisión difícil…

Sin embargo, muchas veces, la sensación de “preparación absoluta” rara vez llega de manera completa, generalmente parece faltar algo: más de experiencia, más información, más seguridad o más certeza. Por esta razón, algunas personas terminan postergando decisiones importantes mientras esperan una confianza que todavía no sienten.

La investigadora Herminia Ibarra (2024) señala que en los procesos de cambio profesional solemos creer que primero debemos tener claridad sobre quiénes seremos antes de actuar. Sin embargo, gran parte de esa claridad emerge precisamente a través de la experimentación y la acción. No descubrimos completamente nuestro camino antes de avanzar; muchas veces lo descubrimos mientras avanzamos.

  • Algo similar ocurre con la confianza en uno mismo: esperar sentirnos completamente preparados antes de actuar puede transformarse en una trampa silenciosa, la sensación de estar completamente listo suele ser más una expectativa que una realidad.

Esta perspectiva cuestiona la creencia tradicional de que la preparación debe ser previa a la acción. Gran parte de lo que sabemos sobre aprendizaje, desarrollo humano y cambio personal sugiere lo contrario: no siempre actuamos porque nos sentimos preparados; en ocasiones, comenzamos a sentirnos preparados porque nos atrevimos a actuar.

Confiar no es eliminar la duda

Confiar en uno mismo no significa ausencia de duda, sino algo más complejo: la capacidad de actuar aun cuando la duda está presente.

Aunque Albert Bandura (1997) utiliza el concepto de autoeficacia percibida más que el de autoconfianza, sus investigaciones ofrecen una de las explicaciones más sólidas sobre cómo las personas desarrollan la convicción de que son capaces de afrontar desafíos y desenvolverse eficazmente en situaciones futuras.

Desde esta perspectiva, la confianza no surge necesariamente antes de la acción, sino que se fortalece a través de experiencias concretas donde las personas enfrentan desafíos, aprenden, ajustan sus estrategias y descubren progresivamente de lo que son capaces.

En este sentido, la confianza no es un punto de partida completamente estable, sino una experiencia que se construye en movimiento. No es algo que necesariamente poseemos antes de actuar, sino algo que generalmente se desarrolla gracias a la propia experiencia de actuar.

  • La paradoja es que solemos esperar confianza para dar el paso, cuando frecuentemente es el paso el que termina fortaleciendo la confianza.
  • Entonces, la confianza en uno mismo se fortalece cuando: intentamos, fallamos, ajustamos, aprendemos y volvemos a intentar.
  • En otras palabras, la confianza no precede necesariamente a la acción, muchas veces es su consecuencia.

Confiar en uno mismo no es sentirse invulnerable

Una confusión frecuente es asociar la confianza en uno mismo con una sensación permanente de seguridad. Desde esta perspectiva, las personas confiadas serían aquellas que no experimentan miedo, incertidumbre o vacilación frente a los desafíos.

Sin embargo, las personas que admiramos por su confianza también dudan, se equivocan, sienten temor y enfrentan momentos de incertidumbre. La diferencia no radica en la ausencia de estas experiencias, sino en la forma en que se relacionan con ellas.

  • La psicóloga Kristin Neff (2023), a través de sus investigaciones sobre autocompasión, ha mostrado que una de las fuentes más comunes de sufrimiento es la creencia de que deberíamos ser fuertes, competentes y seguros todo el tiempo.

Cuando intentamos sostener una imagen de perfección permanente, cualquier error, dificultad o señal de fragilidad puede transformarse en una amenaza para nuestra identidad.

Desde esta perspectiva, la confianza en uno mismo no consiste en demostrar fortaleza constante, sino en desarrollar una relación más flexible con nuestras propias limitaciones. Esto implica reconocer que podemos sentir miedo y aun así actuar; equivocarnos y aun así aprender; experimentar incertidumbre y aun así avanzar.

La verdadera confianza nace de la experiencia de descubrir que podemos enfrentar situaciones difíciles sin dejar de ser valiosos cuando las cosas no resultan como esperábamos. En este sentido, la confianza no elimina la fragilidad humana. La incluye.

El arte de confiar en uno mismo

Tal vez por eso hablamos de «arte» y no de técnica. Las técnicas suelen asociarse a procedimientos relativamente estables: seguimos una serie de pasos y esperamos obtener un resultado predecible. Sin embargo, la vida humana rara vez funciona de esa manera.

Las decisiones importantes, los cambios significativos y los nuevos comienzos suelen desarrollarse en escenarios donde no contamos con toda la información, donde los resultados no están garantizados y donde muchas variables escapan a nuestro control.

  • Por esta razón, confiar en uno mismo se parece menos a aplicar una fórmula y más a desarrollar una práctica que se construye a través de la experiencia; que se fortalece cuando nos atrevemos a actuar sin garantías absolutas; que requiere revisar nuestras creencias, aprender de los errores y ampliar progresivamente la percepción de nuestras capacidades (ver: “la ruta de las creencias”)

El filósofo y educador John Dewey (2004) sostenía que no aprendemos únicamente a partir de la experiencia, sino a partir de la reflexión sobre la experiencia. Algo similar ocurre con la confianza en uno mismo: no se desarrolla simplemente acumulando vivencias, sino interpretando esas vivencias de maneras que nos permitan reconocer nuestros recursos, aprendizajes y posibilidades de crecimiento.

Reflexiones de cierre

La confianza en uno mismo no surge cuando desaparecen las dudas. Con frecuencia, las personas comienzan a confiar porque han aprendido que pueden relacionarse con aquello que no controlan, que pueden equivocarse sin quedar definidas por el error y que pueden seguir aprendiendo incluso cuando las cosas no resultan como esperaban.

Por eso confiar en uno mismo se parece más a un arte que a una técnica: no consiste en alcanzar una seguridad permanente, sino en desarrollar una disposición interna para avanzar, explorar y aprender en medio de la incertidumbre.

Al final, la confianza no suele aparecer antes del camino, muchas veces es el camino el que termina enseñándonos a confiar.

¿Qué decisión has estado postergando a la espera de «sentirte listo»? Te leo en los comentarios.


Referencias

  • Bandura, A. (1997). Autoeficacia: El ejercicio del control. W. H. Freeman.
  • Dewey, J. (2004). Experiencia y educación. Biblioteca Nueva. (Obra original publicada en 1938).
  • Ibarra, H. (2024). Actúa como líder, piensa como líder. Profit Editorial.
  • Neff, K. (2016). Sé Amable Contigo Mismo: El Arte de la Compasión Hacia uno Mismo. Paidós.

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